El exceso de grasa corporal puede impactar negativamente casi todos los sistemas del organismo y esto no se limita aun en la edad infantil, la obesidad infantil es un problema que afecta a aproximadamente 1 de cada 5 niños.
Esto puede llevar a diversas complicaciones de salud a largo plazo, incluyendo enfermedades cardiovasculares, diabetes y trastornos mentales.
Si sospechas que tu hijo podría tener obesidad, es recomendable consultar a un médico y un nutriólogo. Ellos de una manera profesional pueden calcular el índice de masa corporal (IMC) de tu hijo, una medida que sirve para evaluar si su peso es adecuado para su altura, edad y sexo. Aunque no mide directamente la grasa corporal, el IMC es una herramienta útil para identificar la obesidad. Si el IMC es elevado, el médico puede ayudarte a establecer un plan para reducirlo.
Además es de vital importancia el acompañamiento con un psicólogo, así serán los cambios más fáciles de implementar en niños pequeños y también para los padres. Investigaciones han demostrado que la salud de la madre durante el embarazo, en términos de peso, dieta y actividad física, puede influir en el riesgo de obesidad en sus hijos. Los científicos están intentando comprender cómo estos factores afectan el peso y el metabolismo de los niños. Se ha observado que los bebés con un peso elevado al nacer o aquellos que ganan peso rápidamente están en mayor riesgo de desarrollar obesidad infantil. Estudios han vinculado la obesidad con la falta de sueño desde la infancia. Los nutriólogos, psicólogos y pediatras deben dar herramientas sobre hábitos saludables de alimentación y sueño para sus bebés, así como la importancia de limitar el tiempo frente a pantallas. Proporcionar un inicio saludable es fundamental, pero los niños también deben aprender a cultivar hábitos saludables a medida que crecen.
La obesidad se produce cuando se ingieren más calorías de las que el cuerpo quema. Por ello, es esencial que los niños opten por alimentos nutritivos y porciones adecuadas, además de realizar suficiente actividad física para equilibrar su ingesta calórica.
MI HIJO ES GORDITO, QUÉ DEBO HACER? Los padres deben jugar un papel activo en la prevención de la obesidad infantil al enfocarse en la alimentación, la actividad física y el sueño de sus hijos. Ser un modelo a seguir en estos aspectos es clave.
Cuando los niños son pequeños, su deseo de correr es natural, pero alrededor de los 10 años, esta motivación puede disminuir, aumentando su inclinación hacia el sedentarismo. La actividad física en la infancia evoluciona de juegos al aire libre a deportes organizados a medida que crecen. Una vez que un niño desarrolla obesidad, “el tratamiento necesario para lograr un peso saludable es mucho más intensivo que la prevención”; La Dra. Sarah Armstrong, pediatra de la Universidad de Duke indica que se requieren al menos 26 horas de orientación intensiva sobre nutrición y actividad física a lo largo de varios meses. A su vez equipo de Armstrong ha creado un programa llamado Fit Together, que colabora con pediatras y centros recreativos para abordar la obesidad infantil. En este programa, los médicos evalúan a los niños y les proporcionan orientación sobre cambios en el estilo de vida, mientras que los centros recreativos ofrecen opciones de actividad física. Los niños que participan en este programa han logrado reducir su IMC. Un Enfoque Familiar para la Salud Tanto una alimentación adecuada como la actividad física son esenciales para tratar la obesidad. El trabajo de Epstein ha evidenciado que involucrar a toda la familia puede generar beneficios adicionales. Su equipo ha desarrollado intervenciones conductuales que abarcan tanto a padres como a hijos, promoviendo hábitos saludables y una mayor actividad física. “Las herramientas de crianza pueden ayudar a establecer un entorno familiar positivo”, señala Epstein. Sus investigaciones han demostrado que este enfoque familiar no solo beneficia a los niños, sino que también ayuda a los padres a perder peso y a mantenerlo a largo plazo. Armstrong advierte que “los niños no superan la obesidad simplemente al hacerse mayores”; por el contrario, pueden desarrollar formas más graves a medida que crecen. Por ello, es fundamental ofrecer tratamientos eficaces y basados en evidencia lo antes posible. Investigadores del NIH continúan evaluando cómo los comportamientos alimentarios, la genética, el entorno y la estructura cerebral influyen en el aumento de peso en los niños.
Si tu hijo presenta un IMC elevado y necesita controlar su peso, es importante que le brindes apoyo y un entorno saludable. Mantén una comunicación abierta con tu hijo y su médico sobre el peso y la salud. En casos de obesidad severa, puede ser necesario consultar a un especialista en medicina de la obesidad, quien podrá identificar causas genéticas y recomendar tratamientos específicos.
fuente: NIH, News in Health, mayo 2025
PALABRAS CLAVE: alimentación infantil saludable, menú saludable para niños con sobrepeso, qué debe comer un niño gordito, nutrición infantil equilibrada, cómo ayudar a un niño a bajar de peso, dieta saludable para niños con obesidad